A mi madre
Célicas voces
blancas, arpas, flautas y liras,
vibran en los versos
de tu excelsa poesía
Y aunque no puedo
oírte, creo que me iluminas,
cual lucero lejano me vigilas y guías
Con una fuerza ignota
sigilosa te asomas,
enigmática y muda, de
ternura vestida,
desde cielos remotos
siembras luz y armonía
disipando
temores, perforando las sombras.
Visión
resplandeciente que te llevas contigo
cenizas de Ave Fénix,
memorias de neblina,
y extraños espejismos
como este sueño mío
A tientas, tras tu
ruta, va mi alma peregrina;
con los brazos
tendidos, al final del camino
sin temor al vacío,
bajo tu luz camina
Jacarandá